El misterio de los gigantes de África
No se extinguieron más, simplemente dejaron de aparecer nuevas especies
Hoy en día, contemplar la sabana africana evoca imágenes de una naturaleza indómita y majestuosa. Sin embargo, los ecosistemas que vemos hoy en día están profundamente empobrecidos en comparación con el pasado. Hace millones de años, la Tierra albergaba una asombrosa variedad de megaherbívoros —animales herbívoros de más de una tonelada de peso, como parientes extintos de los elefantes, hipopótamos, jirafas y rinocerontes actuales — que actuaban como verdaderos ingenieros de los paisajes africanos.
Tradicionalmente, la ciencia ha atribuido su desaparición a grandes oleadas de extinción provocadas por la llegada de los seres humanos (por la caza intensiva) o por cambios climáticos severos que supuestamente golpeaban con mayor dureza a los animales más grandes. Sin embargo, un revolucionario estudio liderado por el paleontólogo del Museo de Ciencias Naturales (CSIC) Juan L. Cantalapiedra y publicado en la revista Nature Communications propone un cambio radical de perspectiva: el colapso de los gigantes de África se debió a que dejaron de originarse nuevas especies, no a que se extinguieran a un ritmo más rápido que otros grupos de menor tamaño.

Foto por Juan L. Cantalapiedra
El declive de la megafauna africana se debió a un freno en la aparición de nuevas especies, no a oleadas de extinciones
Para desentrañar este enigma, el equipo de investigación analizó la historia evolutiva de casi 400 especies de ungulados africanos a lo largo de los últimos 23 millones de años, utilizando avanzados modelos de redes neuronales para calcular con precisión las tasas de especiación (el nacimiento de nuevas especies) y de extinción.
Los resultados derriban viejos mitos. Contrario a la creencia popular de que ser grande implica un mayor riesgo de muerte ante las crisis ambientales, el estudio demuestra que los animales de gran tamaño son intrínsecamente más resistentes a la extinción. Al poseer rangos geográficos más amplios y una mayor flexibilidad para buscar recursos, los megaherbívoros están naturalmente más protegidos contra las fluctuaciones ambientales locales.
El verdadero «talón de Aquiles» de los colosos es su bajísima tasa de especiación. Debido a sus bajas densidades de población y a las enormes extensiones de terreno que requieren para sobrevivir, los condicionantes evolutivos necesarios para dar origen a una nueva especie son sumamente difíciles de alcanzar.

Figura de Cantalapiedra et al 2026
El cambio climático bloqueó la «cuna evolutiva» de la megafauna africana
Este declive silencioso comenzó a fraguarse mucho antes de que los primeros homínidos tuvieran la tecnología o la densidad poblacional para cazar megafauna o alterar significativamente el entorno. Fueron los cambios climáticos en África durante el Neógeno final y el Cuaternario los que desempeñaron un papel crucial en este embudo evolutivo. Hace unos 7,2 millones de años, el continente comenzó a experimentar un proceso continuo de aridificación. Aunque la aridez extrema que se desató al inicio del Pleistoceno (hace 2,6 millones de años) triplicó las tasas de extinción de todos los herbívoros por igual, la respuesta ante la crisis fue muy desigual. Mientras que las especies de menor tamaño (menos de 45 kg) respondieron multiplicándose y creando nuevas especies a un ritmo acelerado, los grandes mamíferos vieron sus bajas tasas de especiación aún más reprimidas y asfixiadas por la creciente sequedad. A medida que los ecosistemas se volvían más estacionales y menos productivos, los megaherbívoros simplemente no pudieron reemplazar evolutivamente a las especies que perdían de forma natural.
Este hallazgo aporta una lección fundamental para la conservación del presente. Nos advierte que la pérdida de la megafauna es un proceso macroevolutivo sumamente complejo. Aunque los humanos representemos hoy una amenaza directa e inmediata para estas especies, comprender que los gigantes de nuestro planeta juegan con desventaja evolutiva natural resalta la urgencia extrema de proteger a los pocos colosos que aún caminan sobre la Tierra antes de que su nicho ecológico se cierre para siempre.
Referencia
Cantalapiedra, J. L., Lazagabaster, I., Blanco, F., Hauffe, T., Bibi, F., Ríos, M., Mennecart, B., Saarinen, J., Silvestro, D., Hernández Fernández, M., & Sanisidro, Ó. (2026). Lower speciation, not higher extinction, drove African megaherbivore diversity collapse. Nature Communications 17, 9373. https://doi.org/10.1038/s41467-026-76105-2
















